¿UN COLOSO BAJO NUESTROS PIES? ¿EXISTIÓ ALGUNA VEZ UN CIRCO ROMANO EN LA ANTIGUA CONSUEGRA?

Los circos y los ludi circenses

El circo,  era sin duda, el espectáculo preferido por los romanos (Carcopino, 2004: 251), en el mismo tenían lugar las carreras de carros guiados por aurigas (hablando de estos conductores, fue famoso en el s. II d.C. en la propia Roma, Diocles “el Lusitano”, quien ganó 1.462 carreras o el joven Eutyches en Tarragona). Las carreras en la arena, eran principalmente de bigas y cuadrigas (carros tirados por dos y cuatro caballos), pero en algunas ocasiones también se realizaron en estos lugares conmemoraciones de acontecimientos del Imperio, actos religiosos, incluso mercados de ganado, debido a que eran los edificios para espectáculos más monumentales y de mayor capacidad.

El circo romano tiene como precedente los estadios e hipódromos griegos, pero su planta era más grande y alargada. En la arena o pista había una barrera muraria de mampostería (spina o euripus), que dividía en sentido longitudinal, y marcaba la línea por donde tenían que dar la vuelta los caballos y sus aurigas (en concreto siete vueltas), en ese “murete” se solían colocar columnas, estatuas, monumentos conmemorativos, etc.

En uno de los extremos del circo se encontraban las 12 carceres o cuadras de salida (cerca de la Porta Pompae) y en el otro la cabecera semicircular (Porta Triumphalis). El problema a la hora de la conducción estaba en las curvas, donde eran frecuentes los nauphragia, es decir, las colisiones, algunas de ellas mortales. Las soluciones para la creación del graderío eran similares a las de los teatros y anfiteatros. Se daban cuatro equipos (factiones): los azules, los rojos, los verdes y los blancos. Las carreras solían tener una duración media de unos 9 minutos.

Fig. 1 circo-maximo de Roma . Maqueta de I Gismondi

Fig. 1: Circo Máximo de Roma. Maqueta de I. Gismondi. Museo de la Civilización Romana.

El Circo Máximo de Roma, ubicado entre las colinas del Aventino y del Palatino, es de época imperial, ya que se tuvo que reconstruir después del conocido incendio de Nerón del 64 d.C., con distintas remodelaciones de varios emperadores, se cree que en época de Trajano tendría una longitud de más de 500 m. de largo y unos 200 m. de ancho, con una capacidad, que nunca después se ha vuelto a ver en la historia, 250. 000 espectadores. Este edificio era la máxima expresión de la famosa frase “pan y circo” de Juvenal.

Este monumental coloso “creó tendencia”, y lógicamente, con más modestas proporciones, se desarrollaron en otras partes del Imperio otros circos. Destaca por su buena conservación el circo de Leptis Magna (Libia), en Hispania, subsisten restos de circos en Mérida, Toledo, Tarragona, Segobriga, etc.

Tras “las huellas” del circo

Con la intención de investigar más sobre la antigua Consabura, y el posible desarrollo de estos circos en el Imperio Romano, se inicia con gran ilusión en este mes de diciembre de 2017, la excavación arqueológica situada en el Parque de la Calle Viriato de la localidad toledana de Consuegra. El equipo arqueológico pretende documentar una estructura arquitectónica perteneciente a un potente muro de opus caementicium (hormigón romano), que afloraba en un extremo del parque.

Fig. 2 FOTO PCC OPUS CAEMENTICIUM 3 dic 2017

Fig. 3

Fig. 2 y 3: Trabajos arqueológicos en el Parque de la C/ Viriato de Consuegra (diciembre, 2017)

A día de hoy, no sabemos si dicho paramento pertenecería o no a ese posible circo, pero lo que está claro es que Consabura contó con un edificio de este tipo, los indicios histórico-arqueológicos apuntan a ello:

  • Grabado de Domingo de Aguirre (1769). En el que se dibujan y se apuntan sus dimensiones (unos 370 m. de largo x unos 80 m. de ancho), junto a su ubicación.
  • Excavaciones arqueológicas de 1964-67. Realizadas por D. F.J. Giles Pacheco, proporcionan las primeras estructuras y materiales asociados al mismo.
  • La teledetección combinada con el callejero antiguo de la ciudad, es decir, el uso de la fotografía aérea (Vuelo Americano de 1956) y la planimetría, nos proporciona una ubicación clara del mismo, en el sector SE de la localidad de Consuegra, cuyas dimensiones además coinciden con las dadas en su día por el ingeniero militar Domingo de Aguirre.

Fig. 4 CIVITAS CONSABURENSIS

Fig. 4: Trama urbana de Consabura sobre imagen aérea de Consuegra (Palencia y Fernández-Montes, 2017: 77).

Parte de los restos arqueológicos serán dados a conocer a los alumnos del instituto “IES Consaburum” de la localidad manchega, ya que durante este mes y el siguiente se realizarán talleres didácticos de Arqueología Clásica en los laboratorios del centro educativo. Desde el Equipo de Dirección del Proyecto Arqueológico, queremos dar las gracias, desde estas líneas, tanto al centro como al Excmo. Ayuntamiento, por su apoyo constante en la recuperación y divulgación del importante Patrimonio Consaburense.

BIBLIOGRAFÍA

  • CARCOPINO, J. (2004): La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio, Ed. Temas de Hoy, Madrid.
  • GILES PACHECO, F.J. (1971): “Contribuciones al Estudio de la Arqueología Toledana. Hallazgos Hispano-Romanos en Consuegra”, Anales Toledanos V, Toledo, pp. 139-165.
  • GILES PACHECO, F.J. (2011): “Primeras intervenciones y estudios arqueológicos en la ciudad hispano-romana de Consabura. Acueducto, presa y circo romano”, en DOMÍNGUEZ GÓMEZ, F. y GARCÍA CANO, J. (Coord. 2011): Consuegra en la Historia. Tomo I. Centro de Estudios Consaburenses Francisco Domínguez Tendero, Toledo, pp. 27-56.
  • PALENCIA GARCÍA, J.F. (2017): “La importancia de la ciudad romana de Consabura en la Meseta Sur: posible historia de su origen, esplendor y ocaso”, en Juan F. Palencia, D. Rodríguez, F. Domínguez (eds.): Arqueología y Patrimonio: Consabura carpetana y romana (Consuegra, Toledo), Junta de Comunidades-Ayuntamiento de Consuegra-Fundación Domínguez-Tendero, Toledo.
  • PALENCIA GARCÍA, J.F. y GILES PACHECO, F.J. (2017): “¿Existió un circo romano en la antigua Consabura (Consuegra, Toledo)?”, Tarraco Biennal-ICAC, en Actas del III Congreso Internacional de Arqueología y Mundo Antiguo, Tarragona, pp. 175-182.

 

Equipo de Dirección Arqueológica (Jorge Morín de Pablos, Jesús Carrobles, Juan F. Palencia y María Isabel Sánchez)

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